lunes, 18 de noviembre de 2013

VUELO 937 Capítulo 17



-Bri, ¿te encuentras bien?

Pese a que la pregunta de Rachel me había pillado por sorpresa, levanté la cabeza y le dediqué una sonrisa tranquilizadora.

-Sí, tranquila…-dije.-No es nada.

-¿Se ha movido?

-No, qué va.-sonreí acariciándome la barriga.-Hace semanas que no lo hace, ya no tiene espacio. Ha sido sólo un pequeño dolor.

-¿Qué? ¿Dolores?-casi exclamó ella.-¡Bri! No me digas que…

-Tranquila, no estoy de parto.-reí.-El ginecólogo dice que es completamente normal durante el último mes de embarazo.

-Pero tú ya no estás en el último mes, Bri. Tú ya has cumplido, así que...-dijo Anna apareciendo de repente a nuestro lado. Traía dos humeantes tazas de té, una de las cuales puso sobre mi mano sin ni siquiera preguntármelo.

-¿Y esto?

-Bébetelo. Te vendrá bien.

-¿Y si no lo hago?

-Briseida.

-Vale.-reí al ver la expresión severa que me acababa de dedicar.-Me lo beberé.

Di un sorbo a mi taza: aquello estaba realmente bueno. Anna tenía razón cuando me había dicho que me haría bien.

-Así que acabas de tener un dolor…-masculló ella.-Mira que como te pongas de parto de verdad…

-Tranquilas, que no es nada… Parece que la paranoia de John con los dolores se os ha contagiado, ¿eh?-les dije en tono de broma.-Llevo así desde hace dos semanas y no pasa nada.

-Pero alguna vez tendrá que pasar.-dijo Anna dedicándome una mirada divertida.-No querrás tener al bebé ahí dentro toda la vida, ¿no?

-¡Pero hay que ver qué bestia eres!-reí.-¿Os imagináis que justo fuera a nacer hoy?

-Sería mortal.-rió Rachel.-Con la cantidad de días que hay y tendría que ir a nacer el día justo en el que los chicos deciden montar lo que han montado.

-La verdad es que sería hasta gracioso.-añadió Lisa con su timidez habitual.-Precisamente el día en el que ellos deciden hacer un concierto después de tanto tiempo sin hacer ni uno…

-Si a eso de subirse al tejado y empezar a tocar se le puede llamar concierto, vamos.-añadió Anna con ironía.-Si es que los chicos estos tienen unas ideas que déjalas ir…

-A ver qué tienes que decir tú de nuestras ideas, Anna.

Las cuatro nos giramos en dirección a la puerta. George acababa de aparecer por allí luciendo una gran sonrisa a la vez que nos miraba divertido.

-Pues digo lo que me da la gana, Hari, que para algo os tengo confianza.-le contestó ella resuelta haciendo que las otras tres empezásemos a reír con  aquel comentario.-¿Cómo lleváis los preparativos?

-Bien.-dijo él.-Hemos conseguido organizarlo más o menos todo sin que hayamos acabado cortándonos la cabeza unos a otros.

Solté un suspiro entre molesta y preocupada cuando escuché aquello. Sabía perfectamente a lo que se estaba refiriendo George y no me hacía ni pizca de gracia. La tensión entre los chicos, sobre todo entre John y Paul, era más que evidente desde hacía un tiempo. No se entendían, o no querían entenderse, en ningún aspecto y aquello, obviamente, acababa repercutiendo en nuestra vida privada. No, no era que John estuviera mal conmigo, simplemente era que estaba mucho más nervioso de lo habitual, pensando siempre en lo mismo y mucho más afectado por el cambio en su relación con Paul de lo que él mismo quería reconocer. Necesitaban un descanso, alejarse por un tiempo el uno del otro para volver después a retomar la relación, o iban a acabar francamente mal. No hacía falta ser muy lumbreras para ver eso con claridad meridiana. Y después, cómo no, también estaban George y Ringo que parecían ya más que hartos de estar perpetuamente bajo la inmensa sombra que proyectaba la firma Lennon/McCartney. La culpa de todo, así pues, no la había tenido Yoko Ono como muchos en aquel futuro del que yo venía creían. En realidad, ni había culpables ni había inocentes en todo aquello: estaban quemados después de pasar tantísimo tiempo juntos, se les notaba, y en aquellos momentos estaban más pendientes de sus vidas personales y de desarrollar por libre sus estilos que del grupo en sí.

-¿Te encuentras bien, Bri?-me preguntó el chico cuando vio mi expresión de preocupación.

-¿Por qué todos me preguntáis lo mismo?-sonreí.-Estoy perfectamente, tranquilo.

-No sabes el alivio que me das. Por un momento había creído que…

-Me iba a poner de parto aquí mismo, sí.-acabé yo la frase con él con ironía.-Como todos. ¿Qué manía os ha entrado con eso ahora?

-Te vuelvo a recordar que ese bebé ha de salir en un momento u otro, Bri.-recalcó Anna de nuevo.

-Pero no hoy.-contesté negando divertida con la cabeza y poniéndome en pie.-Por cierto, ¿dónde está John?

-En el estudio peleándose con las cuerdas de la guitarra antes del gran evento.-respondió George.

-Iré a hacerle la visita.-sonreí.

-¿Te acompañamos, Bri?

Me volví hacia Rachel y solté una risita entre dientes, divertida.

-¿Por qué? ¿Por si me pongo de parto en los pasillos de Apple?

Todos los que estaban allí, incluida la propia Rachel, rieron con el comentario. Salí de allí después de eso, cediéndole la silla que hasta pocos minutos antes había estado ocupando al lado de Lisa a George y me dirigí al estudio, que estaba casi al lado.

La puerta estaba entreabierta y el murmullo de una conversación a media voz llegaba hasta mí. Abrí, sin más, y me quedé mirando adentro durante unos segundos, sonriente: Ringo, Paul y John, quien efectivamente estaba tensando las cuerdas de la guitarra de lo más concentrado, estaban allí dentro,  tranquilos. Por un momento incluso me pareció que las cosas entre ellos jamás habían dejado de ir bien.

-Hola, chicos.

Los tres se volvieron hacia mí. Paul y Ringo me dedicaron una sonrisa y me devolvieron el saludo. John, por su parte, dejó la guitarra a un lado y vino hacia mí, sonriente.

-Ey, preciosa…-me saludó antes de darme un beso en los labios y de pasarme la mano por la barriga.-¿Qué tal estás?

-Bien.-le contesté.-Aburrida mientras espero a que unos tipos hagan un concierto en el tejado.

John soltó una risita entre dientes.

-No creo que te esperes mucho más.-dijo.-Vamos a subir en nada.

-Nos han dicho que ya lo han montado todo.-intervino Ringo.

-Y también nos han dicho que hace un frío que pela.-añadió John mirándome de nuevo.-¿Estás segura que quieres subir?

-¿Y perdérmelo? Ni de coña.

-Ni siquiera te voy a insistir en lo contrario, cabezota.-rió él rodeándome con su brazo. Después, acercando su boca a mi oreja, susurró:-Y no voy a negar que me hace ilusión que nos veas. Espero que todo salga bien.

Por toda respuesta, me volví hacia él y le di un beso en la mejilla, cariñosa. Aquella era mi particular manera de decirle que, por supuesto, todo iba a salir a pedir de boca. Aquel día, sin lugar a dudas iba a ser un día muy especial.

**********************************

Aquella vez, mientras sonaban los últimos compases de Dig a Pony allí en la azotea, ni siquiera fui capaz de disimular una mueca de dolor intenso. Hacía frío y viento, muchísimo, y los chicos tocaban ante el asombro de decenas de vecinos y transeúntes que pasaban por la calle a los que no podíamos ver desde donde estábamos. No todos los días se asistía por sorpresa a un concierto de The Beatles, aunque al parecer algunos no estaban demasiado contentos con aquello y habían llamado a la policía, que acababa de aparecer por la puertecilla que daba acceso a la azotea para la consiguiente sorpresa y, por qué no, diversión, de todos. No obstante, y pese a todo el espectáculo que se estaba montando a mi alrededor, yo no podía prestar la más mínima atención a nada que no fueran mis contracciones cada poco tiempo, dolorosas como hasta nunca antes las había tenido. La primera de todas se había producido poco antes de subir a la azotea con los chicos. Afortunadamente, aquella primera e intensa contracción me había pillado en el baño, así que nadie pudo ver mi gesto de dolor cuando se produjo. Pude salir al cabo de unos minutos, aún sintiendo cierta molestia, pero ya recompuesta e intentando convencerme a mí misma de que sólo había sido una contracción aislada y sin importancia. Pero no, me equivoqué. Después de subir arriba y de sentarnos, otra intensa contracción me sobrevino. Y no fue la última. No sabía cada cuántos minutos se me sucedía una nueva, pero sabía que era cada muy poco tiempo; demasiado poco tiempo. Y es que, a cada poco más de una canción, el dolor se apoderaba de mí, cada vez con más intensidad, como aquella última que acababa de tener con la que no pude evitar lanzar un fuerte suspiro a la vez que me agarraba la barriga, dolorida y muerta de miedo a la vez.

-¡Bri!

Anna, a mi lado, me puso la mano en el brazo. Yo no fui capaz de responder, ni siquiera de volver la cabeza y mirarla: simplemente me quedé mortalmente seria con la mirada fija al frente mientras los chicos empezaban con Get Back.

-Por lo que más quieras, Briseida.-insistió.-No me jodas… ¿Qué te pasa?

-Sí te jodo.-respondí yo al cabo de unos segundos cuando el dolor hubo remitido levemente.-Tengo contracciones.

-¿Que tienes… qué?-gritó ella haciendo que Lisa y Rachel, que también estaban a nuestro lado se giraran de repente. Afortunadamente los chicos no se enteraron absolutamente de nada: estaban demasiado concentrados con su canción y con la policía.-Oh, mierda… ¿desde cuándo?

-¿Qué le pasa?-quiso saber Rachel inclinándose hacia nosotras.

-Bri tiene contracciones.-aclaró Anna por mí haciendo que tanto Rachel como Lisa se me quedaran mirando casi con la boca abierta.-Bri, insisto, ¿desde cuándo las tienes?

-Desde poco antes de subir aquí. Y son bastante regulares y cada poco tiempo…

-¡Ja! ¡La que decía que no se iba a poner de parto en los pasillos de Apple!

-Y no he mentido…-me las ingenié para sonreír.-No lo he hecho en los pasillos, lo he hecho en el tejado.

-Y encima graciosilla…-masculló Anna entre dientes.

-Deberíamos parar esto.-sugirió Lisa mirando de reojo hacia los chicos.-Avisar a John y…

-No.-le corté yo.-Esperad. Con la poli ahí van a acabar pronto, así que…

-Pero Bri…

-Anna, esperad al menos a que acabe la canción, ¿vale?-le dije lanzándole una mirada suplicante-Por favor…

Ninguna de las chicas osó a contestarme nada. Simplemente me lanzaron una mirada significativa cargada de nerviosismo antes de volver de nuevo la vista hacia los chicos. No obstante, Anna no me quitó para nada su mano del brazo. Aún dolorida por la intensidad de la última contracción, intenté fijar mi atención sin demasiado éxito en ellos, quienes acabaron con la canción a los pocos segundos. Efectivamente, tal y como había previsto, dejaron de tocar en el acto, dando así por concluido aquel extraño concierto. Haciendo un monumental esfuerzo, me las arreglé para dedicarle una sonrisa a John cuando se volvió hacia nosotras mientras aplaudía. Lo miré mientras se descolgaba la guitarra y la dejaba sobre el suelo durante unos instantes que se me hicieron eternos. Después, sonriente y pletórico, se acercó hacia nosotras junto con George.

-Al parecer no nos van a detener al final…Una lástima.-dijo divertido mientras caminaba hacia nosotras.-¿Qué os ha parecido, chicas?

-Genial.-contestamos las cuatro casi al unísono.

John se acercó hacia mí y se agachó para darme un suave beso en los labios.

-¿Qué tal, preciosa?-preguntó.

Yo le dediqué una mirada entre asustada y nerviosa.

-¿Bri?-preguntó John preocupado.-¿Qué…?

-John, cariño…-le interrumpí yo antes de que él ni siquiera pudiera acabar de formular la pregunta.-Creo que deberíamos irnos al hospital.

-¡¿Cómo?!-exclamó él haciendo que todos los que estaban allí se volvieran para mirarnos, incluidos los agentes de policía.-Bri… ¿Me… me estás diciendo que…?

-Eso me temo.-contesté.-Creo que estoy de parto.

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Jueves, 9 de abril de 1987
Londres

-Veinte minutos.

La voz de Greg me sonó lejana, como si estuviera a muchísimos metros de distancia. Estaba allí tumbada aún en el sofá, más inconsciente que consciente a causa del inmenso dolor que sentía. Hacía ya un buen rato que habían dejado de ser ataques separados entre sí para pasar a ser un dolor continuo, insoportable, como si un experto torturador fuera pinchando con un punzón afilado todos y cada uno de mis órganos vitales, poco a poco y con la destreza y la crueldad suficientes para evitar que perdiera el conocimiento por completo y alargar deliberadamente mi agonía. De este modo, aún era consciente más o menos de lo que pasaba a mi alrededor. John seguía a mi lado, sin dejar de acariciar mi cabello o de secarme el sudor que empañaba mi cara. Greg también estaba allí, controlándolo todo, sobre todo el tiempo. Veinte minutos, había dicho. Y no hacía falta ser especialmente inteligente ni estar plenamente consciente como para saber que se estaba refiriendo al tiempo que me quedaba de vida. Y, pese a la dureza de la afirmación, yo ni siquiera pude abrir los ojos ni tratar de esbozar ningún gesto. Estaba demasiado débil para eso.

De repente, el ruido de la puerta al abrirse rompió el silencio sepulcral que se había hecho en la estancia.

-¡Que no!-exclamó Matt de repente.-¡Voy a entrar! ¡No puedo..!

-Matthew, escucha, no creo que…

-No, tía Anna.-intervino Julie.-Matt tiene razón. Yo también quiero entrar y…

-Yo también quiero estar con ella.-susurró Alex.-Por favor.

-Pero chicos, no…-empezó a decir Ringo.

Pude percibir como John dejaba de acariciarme el pelo durante unos instantes y también como se ponía en pie. Yo, sin embargo, pese a que me hubiera encantado poder decir algo ante aquella situación, no pude ni siquiera moverme.

-Anna, Rich.-dijo John de repente con voz entrecortada.-No pasa nada. Si quieren… dejadlos.

No hubo respuesta alguna, sólo el ruido de unos pasos acelerados y nerviosos que se acercaban hasta mí. Pocos segundos después, noté el contacto cálido de una mano sobre la mía.

-Mamá…-empezó a susurrar Matt. Por su tono de voz supe enseguida que estaba llorando.-¿Me oyes?

Sacando las pocas fuerzas que aún me quedaban, apreté levemente mi mano sobre la suya a modo de respuesta, incapaz de hacer nada más.

-Ha… ha movido la mano.

-Entonces sí que nos oye.-dijo Julie muy cerca de mí. Su voz también estaba rota, como la de su hermano pequeño.-Mamá… Sé fuerte, ¿vale?

Fuerte. En aquellos momentos aquella palabra tenía un significado tan difícil para mí… De nuevo, el contacto de una mano, esta vez sobre mi cara, volvió a pillarme por sorpresa. Supe casi en el acto que era Alex: la mano era demasiado grande para ser la de Julie o la de Matt y era más suave que la de John, que tenía aquellos característicos callos en los dedos de tocar la guitarra.

-Te queremos…-susurró el chico al cabo de unos segundos.-Y siempre lo haremos.

Nada más oír a su hermano, Matt dejó caer su cabeza sobre mi pecho y empezó a llorar como el niño que en realidad era. Pese a que no pude abrir los ojos ni hacer nada más aparte de escuchar lo que pasaba a mi alrededor, supe inmediatamente que él no era el único que estaba llorando. En realidad, hasta yo estaba llorando por dentro.

**************************************

Miré a Alex de nuevo por enésima vez esbozando una sonrisa cargada de amor. Jamás había sentido nada igual, jamás había creído que tener a esa criaturita en mis brazos iba a inundarme de tantísima felicidad. Con cuidado, pasé la mano por la carita del bebé, quien se removió levemente, aunque sin llegar a despertarse del todo.

-Es la cosita más bonita que jamás he visto…

Me volví hacia John y le dediqué una sonrisa tierna: yo también pensaba lo mismo.

-Aunque la madre también es la más bonita del mundo.-añadió devolviéndome la sonrisa y pasándome la mano por la cara, con cariño.

-El padre a veces es un poco cabezota, pero bueno, también es un encanto.-bromeé yo haciendo que él soltara una risita entre dientes.

En aquel momento, Alex se removió inquieto de nuevo entre mis brazos y abrió sus ojitos de repente, despertándose ya definitivamente. No obstante no se puso a llorar, simplemente se quedó mirándonos a su padre y a mí, tal vez hasta curioso.

-Ey, campeón…-susurró John mirándolo.-¿Quieres venir con papá?

-Sostenle la cabecita con cuidado… Así.

John agarró al niño en brazos antes de acercar su cabeza a su boca y darle un beso cargado de ternura. Los miré a los dos sintiendo como una oleada de ternura me embargaba. A decir verdad, a John no le quedaba nada mal el papel de padre. Sólo había que ver cómo miraba al niño y lo contento que parecía con todo aquello para comprender en el acto que la decisión de haber tenido a nuestro hijo había sido un acierto total.

-¿Sabes, Bri?-dijo él de repente levantando la mirada y clavándola en mis ojos.

-¿Qué, John?

-Pues que…-empezó a decir sonriente.-Hemos dado un paso muy importante con Alex, tal vez el más importante que haya dado en toda mi vida…

-Creo que puedo decir lo mismo.-sonreí mientras él se sentaba en el borde de mi cama con el bebé en brazos.

John me miró a los ojos y sonrió.

-¿Y no crees que si hemos sido capaces de hacer esto no deberíamos atrevernos con algo más?

Le dediqué una mirada extrañada. No sabía a qué se refería para nada. Ni siquiera su sonrisilla me dejaba adivinar cuáles eran sus intenciones.

-John… Si ese algo más a lo que te estás refiriendo es a tener otro…-me permití bromear con una sonrisilla.-Olvídalo. Al menos, de momento.

-¡Ey, no!-rió él.-No me refería a eso… por ahora. Creo que primero nos deberemos de aclarar con Alex…

-¿Y entonces?

Otra vez, John me dedicó una sonrisa, aquella vez más tierna que todas las anteriores.

-Bri, casémonos.

Había dicho aquello tan de repente que me quedé mirándolo, pasmada, sin ni siquiera reaccionar. Él simplemente se acercó y, con cuidado puesto que aún tenía a Alex en brazos, me plantó un beso suave y dulce en los labios.

-John…-murmuré.

-Si quieres podemos esperar a que Alex sea un poco más mayorcito.-sonrió él.-Pero… Bri, te quiero y quiero casarme contigo. ¿Tú qué dices?

Le dediqué una mirada cargada de amor a la vez que pasaba la mano por su cara, sonriente.

-Claro que sí, Johnny.-contesté.-Por supuesto que quiero casarme contigo.






Capi 17! Un capi que a mí personalmente me resultó bastante entretenido escribirlo, así que espero que a vosotras también os haya gustado :D 
Bien, a partir de ahora, los acontecimientos se van a  acelerar, por así decirlo. Ya vereis el rumbo que toman las cosas... muejejeje.
Y bueno, como siempre, gracias por estar ahí!
Saludos y hasta el próximo!

martes, 12 de noviembre de 2013

VUELO 937 Capítulo 16



El timbre volvió a sonar una vez más de manera insistente mientras yo miraba hacia la puerta, temerosa y con más dudas encima de las que jamás había tenido en toda mi vida. Sabía a la perfección quién era y, pese a que por un aparte tenía unas ganas locas de verle y echarme a sus brazos para que me diera un abrazo sin pedir explicaciones; por otra, la firme promesa que me había hecho a mí misma de contárselo todo, hacía que en aquellos momentos deseara salir corriendo de allí a toda velocidad con tal de no dar la cara. Pero no. Eso último no era posible: debía agarrar el toro por los cuernos y decirle a John que estaba embarazada, tal cual. A fin de cuentas, pensé amargamente, después de haberle dicho que venía de un tiempo que no era el suyo, el decirle que estaba esperando un hijo tampoco era para tanto.

Agarré aire de nuevo a la vez que el timbre de casa sonaba por tercera vez y,  armándome de valor, agarré el pomo de la puerta y la abrí,

-Pensaba que no estabas.-sonrió John cuando me vio.

Le devolví una sonrisilla forzada: pese a que me alegraba de verle, no tenía en absoluto ganas de sonreír.

-Estaba en el baño.-mentí mientras lo agarraba de la mano y lo hacía entrar en mi apartamento.

Cerramos la puerta tras nosotros antes de que John me plantara un beso en los labios, dulce. Después, se separó lentamente de mí, me miró y frunció ligeramente el ceño. Tragué saliva al entender que algo había notado.

-¿Te ocurre algo, cariño?-preguntó con suavidad pasándome la mano por la cara.

-¿A mí? ¿Por qué lo dices?

-Aparte de por la carita que tienes hoy, porque aún estás por cambiar… Simplemente lo preguntaba porque me extraña eso de ti.

Me quedé mirándolo durante unos segundos, confusa. Entonces, de repente, lo recordé: hacía un par de días, John me había prometido que saldríamos a cenar esa noche y yo no me había acordado para nada. De hecho, tenía tantas cosas en la cabeza que hasta ese preciso instante tampoco me percaté de que John iba arreglado para salir. Suspiré incómoda ante aquello.

-Lo siento, Johnny…-mascullé notando como enrojecía levemente.-Lo había olvidado por completo, perdón.

-Ey, no pasa nada.-dijo esbozando una sonrisilla tranquilizadora. Aquello me hizo respirar aliviada: al menos no se me había enfadado.-Hay tiempo de sobra aún.

-Ya, bueno… Iré a arreglarme pues.

Hice además de separarme de él, pero John, en el último momento, me agarró de la mano firmemente y me lo impidió.

-Bri, un segundo.

-¿Qué?-pregunté con un hilillo de voz.

-A ti te pasa algo.-dijo con convicción.-Vamos, cariño, dime la verdad.

Le miré a los ojos y suspiré. Su mirada era sincera, incluso suplicante. Fue entonces cuando supe que había llegado el momento de decirle aquello que tanto me preocupaba. Tal y como me había dicho Anna aquella misma mañana, John merecía saber la verdad.

-Está bien…-dije al fin.-¿Te… te importa que nos perdamos esa cena por hoy? Es que no sé si después de…

-A la mierda la cena, Bri.-me cortó él ansioso.-Cuéntame lo que me tengas que contar.

-Por supuesto.-suspiré.-Pero mejor sentémonos… Quiero hablar contigo con calma, John.

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Jueves, 9 de abril de 1987
Londres

Abrí los ojos poco a poco, sintiendo aún como el dolor se apoderaba de mí aunque, no obstante, parecía ir remitiendo poco a poco. Apenas recordaba nada de lo que había pasado en los últimos instantes: sólo aquel intenso dolor que me partía por dentro y, de repente, nada más. Tal vez, tal y como había aventurado Greg antes, había pedido el conocimiento.

-Bri, cariño...-dijo John a mi lado cuando vio que abría los ojos.

Me las arreglé para dedicarle una media sonrisa. Pese a todo, el hecho de ver que no se había separado ni un centímetro de mi lado, que seguía ahí pese a todo, me hacía extrañamente feliz. Él me dedicó una caricia suave en la cara, devolviéndome la sonrisa, una sonrisa que se me antojaba tristemente amarga.

-Ey, Johnny…-murmuré al cabo de unos segundos haciendo acopio de todas mis fuerzas.

Aún me estaba recuperando del último ataque y el hecho de hablar suponía el mayor de los esfuerzos. No obstante, quería hacerlo: tenía muchas cosas por decir.

-¿Qué ocurre, cariño?

Lo miré a los ojos antes de hablar.

-Gracias.

John entrecerró los ojos ligeramente y me lanzó una mirada algo confuso.

-¿Gracias?

-Sí, gracias.-insistí de nuevo. Agarré aire antes de continuar.-Por todo. Gracias por estar aquí ahora y por haber estado ahí siempre.

-Bri…-murmuró él. Noté como apretaba fuertemente la mandíbula: era evidente que estaba haciendo un esfuerzo monumental por no ponerse a llorar allí mismo.-No tienes por qué agradecerme nada. Simplemente estoy donde quiero estar: a tu lado.

Al contrario que él, yo no pude evitar que una lágrima se me escapara cuando escuché todo aquello. Sabía que estaba siendo sincero y aquello me emocionaba. Nos quedamos mirándonos, con los ojos clavados el uno en el otro, durante unos instantes, sin decir nada y diciéndonos todo a la vez. Aquella situación también me dolía, muchísimo; tal vez fuera la última vez que los dos podíamos mirarnos de ese modo y aquello me rompía el alma.

-Ojalá pudiera hacer algo, cualquier cosa… -dijo John de repente.-No te mereces esto, joder.

Desvió la mirada en el último momento y la fijó contra la pared. No supe a ciencia cierta si estaba llorando o no. Daba igual: con lágrimas o sin ellas, estaba igualmente destrozado.

-Ya has hecho bastante.-murmuré agarrándole la mano. Aquel imperceptible gesto hizo que John se volviera de nuevo hacia mí y me mirara a los ojos.-Ya has hecho más que suficiente regalándome la mejor vida del mundo a tu lado.

-Tú eres la que me ha regalado eso, Bri.-murmuró. Después, se agachó y me dio un suave beso en la frente.-Gracias a ti. Por todo. Sabes que no cambiaría ni un solo segundo de los que he pasado a tu lado, ¿lo sabes, no?

-Por supuesto que lo sé, Johnny… Por supuesto que lo sé.

Y los dos nos fundimos en un triste abrazo que, una vez más, nos hacía entender que los dos éramos casi como una misma persona.

De fondo, Greg, miraba la escena en silencio. Por primera vez desde que lo había conocido no había en su cara ni rastro de su sonrisilla psicótica. Incluso me pareció que estaba llorando.

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John y yo nos sentamos en el sofá de mi pequeño salón en silencio.

-¿Te apetece tomar algo?-pregunté intentando alargar deliberadamente el momento de decirle la verdad.

-Lo que me apetece es que me digas lo que me tengas que decir, Bri.-me contestó él, serio.

Le dediqué una mirada cargada de incomodidad y lancé un suspiro.

-John… Creo que…-balbuceé sin saber cómo abordar el tema.-Tengo un problema de los grandes. Bueno, tenemos un problema.

-¿Cómo?-preguntó él extrañado.-Bri, explícate.

-Veamos…-empecé a decir yo sin despegar mis ojos de los suyos.-Te lo diré sin rodeos, tal cual es. Verás… Yo…

Me interrumpí en el último momento para agarrar aire. Decir que estaba aterrada era poco.

-¿Sí?-insistió él empezando a impacientarse.

Sin saber por qué, rehuí su mirada antes de contestarle.

-John… Yo… Estoy embarazada.

Dije la última frase de tirón y en voz baja, tan baja que aquello había sonado más bien como un murmullo imperceptible. Un silencio sepulcral se hizo entre los dos. Yo, por mi parte, seguía con la mirada fija en la pared, sin osar siquiera a mirar a John a la cara después de haberle dicho aquello. A medida que pasaban los segundos y el silencio entre los dos se acrecentaba, iba poniéndome más nerviosa.

-¿Bri? ¿Qué… qué has dicho?-susurró John incrédulo de repente.

Apreté la mandíbula fuertemente: de nuevo, las lágrimas estaban amenazando con salir de nuevo. Por eso, ni siquiera pude contestar. El contacto de John me sorprendió de pronto cuando me puso la mano debajo de la barbilla y me obligó con suavidad a volver la cara de nuevo hacia él. Lo miré. No sonreía, pero tampoco parecía enfadado. Simplemente, parecía enormemente sorprendido con todo aquello.

-¿Es eso cierto? ¿Estás segura?-preguntó con suavidad.

Asentí sintiendo como las lágrimas empezaban a brotar de nuevo de mis ojos. La inseguridad que sentía en aquellos momentos era tal que me provocaba una inmensa ansiedad.

-Ey, no llores…-susurró limpiándome las mejillas de la cara con los pulgares.

Aquel gesto, suave y cargado de cariño, hizo que me serenera en el acto.

-Cuando lo sospeché fui al ginecólogo para hacerme unos análisis.-le expliqué con un hilillo de voz.-Esta misma mañana he ido a ver el resultado y… sí, estoy embarazada.

-¿Pero por qué no me habías dicho nada?

Lancé un suspiro y me encogí de hombros.

-No lo sé.-contesté.-Bueno, sí lo sé: tenía miedo. Si te digo la verdad aún sigo muy asustada con todo.

-Joder…-dijo John de repente abrazándome fuertemente.

Me dejé hacer a la vez que apoyaba la cara sobre su pecho. Aquel abrazo era tal vez el más reconfortante que me había dado en todo lo que llevábamos juntos.

-Lo siento…-mascullé de repente.

Nada más dije eso, John se separó de mí y me miró con seriedad.

-No digas tonterías, Bri.-me dijo con contundencia.-Tú no tienes por qué sentir nada, esto es cosa de los dos.

Tenía razón, así que decidí no decir nada más al respecto.

-¿Y ahora qué vamos a hacer?-pregunté al cabo de unos segundos.

-¿Tú qué es lo que quieres hacer?-me devolvió John la pregunta.

Me quedé mirándolo durante unos segundos. Lo cierto era que ni yo misma sabía qué hacer.

- Creo que… Supongo que lo mejor en estos momentos sería que… abortara.


-No te he preguntado qué es lo mejor en estos momentos, te he preguntado qué es lo quieres hacer.-me dijo con suavidad.

-Y yo qué sé…-le contesté con sinceridad.-No tengo ni idea. Esto es una mierda, joder.

John rodeó mis hombros con su brazo en un gesto protector. Dejó que me acomodara bien y me dio un beso en el pelo.

-Mira, Bri…-dijo de repente.-Te apoyaré en lo que decidas, ¿vale? Si realmente quieres abortar, estaré a tu lado. Pero… te voy a decir qué es lo que yo haría, ¿de acuerdo?

Levanté la mirada y me encontré con la suya. Asentí levemente. John me dedicó una media sonrisa antes de hablar.

-Sé que no nos habíamos planteado esto ni por asomo y que… bueno, es obvio que no queríamos que pasara.-empezó a decir.-Pero ha pasado… Nos queremos, cariño. Yo quiero seguir a tu lado y a la larga supongo que hubiéramos acabado teniendo hijos de todos modos.

-¿Me estás diciendo que…?

-Te estoy diciendo que por mí adelante.-me aclaró él con una sonrisa.-Pero, obviamente, tú decides.

Me quedé pensando durante unos segundos, sopesando las dos opciones que tenía ante mí. La temida mala reacción de John no se había producido y, por tanto, podía pensar con serenidad las cosas, sin aquella presión que había tenido desde que me había enterado de que estaba embarazada. Y era entonces, cuando lo pensaba con serenidad, cuando me daba cuenta de que, por mucho que aquello nos fuera a cambiar la vida, lo que menos quería hacer era abortar. John tenía razón. Nos queríamos... ¿Qué problema había? Vale, tal vez de haber elegido nosotros las cosas, nos hubiéramos esperado un tiempo más, pero si había pasado y, tal como había dicho John, a la larga íbamos a acabar teniendo hijos… ¿Qué sentido tenía abortar? Tenía estabilidad en todos los aspectos de mi vida: el dinero no era problema y tenía una relación más que firme con la persona a la que más quería en el mundo.

-¿De verdad?-pregunté mirándolo a los ojos, con una sonrisa esperanzada.

-Jamás en mi vida he hablado tan en serio.-sonrió él.

No pude contenerme ni un segundo más y, embargada por la ternura que en aquel momento me invadía, me acerqué hacia él y le di un beso dulce, tratándole de transmitir así todo lo que sentía por él.

-¿Eso significa que seguimos adelante con todo esto?-preguntó cuando me separé de él.

-Así es.-dije notando como me temblaba la voz.-Atrevámonos a dar este paso.

Nada más pronunciar aquellas últimas palabras sentí un vértigo inmenso: era la primera vez que tomaba consciencia de que dentro de mí llevaba un hijo, un hijo de John y mío.

-Joder, voy a ser padre…-murmuró él. No obstante, lo dijo sonriendo.-¡Esto es increíble!

-Tenemos aún casi ocho meses para hacernos a la idea los dos. Porque yo… tampoco soy capaz de creérmelo aún.

-Serás la madre más guapa del mundo, cariño.-sonrió él.-Y yo el padre más patoso e inexperto.

No pude evitar soltar una risita por lo bajo cuando escuché aquello. Me quedé con las ganas de decirle que él no iba a ser el único inexperto, pero me callé en el último momento.

-De mucho peores que nosotros hay que tienen hijos y salen adelante, así que supongo que no seremos tan desastrosos…

-Espero que no.-rió él.

Después, se volvió de nuevo hacia mí y se quedó mirándome durante unos segundos, pensativo. Le lancé una mirada interrogante, animándole a decir lo que le estaba pasando por la mente en aquellos momentos.

-Oye, Bri…-dijo al fin.-Estaba pensando que si vamos a ser padres… Creo que deberíamos irnos a vivir juntos por lo menos.

-¡John!-exclamé esbozando una sonrisa de oreja a oreja. No me había esperado aquello para nada y… me apetecía. Mucho.

-¿Qué te parece la idea? ¿Te apetece venirte a vivir conmigo?

-¿Que qué me parece?-pregunté.-Me encantaría vivir contigo y pasar la mayor parte del tiempo posible a tu lado.

Y antes incluso de que acabara de pronunciar aquellas palabras, me vi sumida en un beso largo e intenso. Cerré los ojos a la vez que hundía mi mano en su pelo, dejándome llevar. Sonreí para mis adentros al pensar en cómo de  increíble era que un día que había empezado tan mal pudiera haber acabado tan bien. Y todo gracias a él.

En aquellos momentos, dudaba que alguien pudiera amar a una persona tanto como yo amaba a John.






Y hasta aquí el capi 16. Espero no tardar demasiados días en subir el 17, que será bastante larguito pero ya tengo más o menos ideado. Por cierto, que el 17 será, por así decirlo, el inicio del final, no sé si me explico...
¡Y no digo ya mucho más que me voy rapidito hoy, jejeje. Saludos y hasta el próximo!  :)