viernes, 20 de septiembre de 2013

VUELO 937 Capítulo 7

Un fuerte pinchazo de dolor en la sien hizo que me despertara de repente y me decidiera  a abrir los ojos de mala gana, lentamente. Tenía la boca pastosa, notaba como me picaba la garganta y tenía la sensación de que la cabeza iba a estallarme de un momento a otro. En definitiva y hablando claro, lo que me pasaba era que tenía una resaca de antología.

 No obstante, cuando abrí los ojos del todo y vi que no estaba en mi habitación, todos aquellos males se fueron de golpe. Miré a un lado y a otro, sin saber ni siquiera cómo sentirme, y comprobé que, efectivamente, no estaba en medio de un sueño ni nada por el estilo: estaba en una habitación extraña y, para colmo, llevaba un pijama que no era el mío y que me quedaba bastante grande. Noté como el nerviosismo poco a poco se apoderaba de mí y me obligué a volver a cerrar los ojos y a respirar pausadamente, intentando averiguar por qué puñetas estaba yo en una cama y un lugar desconocidos, sola. Lo último que recordaba de la noche anterior era que estaba en el Bag O’Nails con los chicos, sin parar de beber ni un solo segundo y hablando sin cesar como una cacatúa con todo aquel que se me pusiera por delante. Después de eso, no era capaz de recordar nada más: una inmensa laguna mental me impedía hacerlo. Ojalá no hubiera cometido ninguna estupidez.

Justo cuando estaba empezando a plantearme el tener que levantarme de allí e intentar averiguar dónde estaba, unos golpecitos en la puerta, suaves pero contundentes a la vez, me sacaron de mis pensamientos. Volví mi vista hacia la puerta, con una mezcla de angustia y nerviosismo y, sin que ni siquiera me diera tiempo a dar permiso para que entraran, se entreabrió ligeramente antes de que Lennon asomara la cabeza por allí.

-Veo que ya te has despertado, borrachuza.-sonrió cuando vio que mis ojos estaban abiertos antes de entrar definitivamente en la habitación.

Me quedé mirándolo pasmada por unos segundos. Llevaba aún el pijama puesto y tenía el pelo revuelto, como si él también se acabara de levantar de la cama.

-¿Dónde coño estoy?-pregunté sin más al cabo de unos segundos.

John me dedicó una mirada divertida a la vez que se rascaba la cabeza.

-Apenas tienes voz… Veo que no te acuerdas de nada, ¿eh, Bri? Demasiado ron, nena.-sonrió acercándose hacia mí y sentándose en el borde de la cama. Inconscientemente, retrocedí unos centímetros para evitar su contacto.-Estás en mi casa. Has pasado la noche aquí.

Lo miré perpleja antes de contestar. ¿Yo? ¿En casa de Lennon? ¿Qué mierdas hacía allí?

-¿Tu… casa?-susurré con un hilillo de voz.-¿Pero por qué…?

-Ha sido una noche maravillosa, Bri.-me contestó Lennon bajando la voz hasta dejarla casi en un susurro.-Jamás hubiera pensado que eras tan buena en la cama.

Cuando escuché aquella respuesta, noté como la sangre se me helaba en las venas a la vez que se me hacía un inmenso nudo en la boca del estómago de puro pánico. Le dediqué una mirada angustiada, sin ser capaz siquiera de pronunciar una palabra. Entonces, de repente, John me miró y prorrumpió en una sonora carcajada.

-¡Qué cara que has puesto!-exclamó mientras reía sin parar antes de tumbarse encima de las sábanas de la cama para empezar a revolcarse literalmente de la risa.

-¡Lennon!-exclamé yo sin entender nada de lo que estaba pasando.-¡Joder! ¿Qué ha pasado?

John siguió riendo sin  más de manera casi histérica, tanto que hasta empezó a llorar de la risa y todo. Sólo cuando comprendí de qué iba todo aquello saqué la mano de debajo de mis tapas y le di un sonoro manotazo en todo el brazo que seguro que le debió de doler.

-No tiene ni puta gracia, imbécil.-mascullé mirándolo seriamente.

-Por supuesto que la tiene. Si te hubieras visto… Estabas para una foto.-me contestó él cuando por fin agarró aire.-Tranquila, Bri, si te hubieras acostado conmigo, te aseguro que te acordarías por muy borracha que estuvieras.

-Además de graciosillo, estás hecho un fantasma…-bufé yo antes de empujarle lejos de mi lado.-Fuera de mi cama. Ya.

-¿Tu cama?-preguntó dedicándome una sonrisa burlona.-Perdona, Bri, pero te recuerdo que estás en mi casa y por lo tanto eres la que está en mi cama.

Volví a soltar un sonoro bufido al ver que no tenía réplica para aquello.

-Está bien, como quieras…-mascullé dejando de empujarle.-Por lo menos supongo que me explicarás cómo puñetas he acabado yo aquí…

-La explicación es sencilla, nena. Te emborrachaste. Yo también iba muy mal, pero créeme que tú me superabas. Los demás se fueron retirando y nosotros nos quedamos hasta que cerraron el local. Después te llevé a casa, pero no fuimos capaces de encontrar tus llaves y nos vinimos aquí.

-Un segundo, un segundo…-dije yo intentando aclararme.-¿Me estás diciendo que he acabado aquí porque he perdido las llaves?

-Sí, así es. No te iba a dejar durmiendo en la calle, ¿no?

Suspiré aliviada. Al menos no estaba en casa de John por ninguna otra extraña razón. No obstante, no pude dejar de sentirme algo agobiada por el tema de las llaves. Tendría que ir a buscar al casero y pedirle otro par, no había más remedio. Pero, entonces, de repente, me acordé de algo.

-¡Las tienes Anna!-exclamé de pronto.

-¿Cómo que Anna tiene tus llaves?

-Sí, las tiene ella.-le dije yo.-Mi llavero es muy grande y no me cabía en el bolso, así que… Se las di a ella para que me las guardara. ¡Y ni una ni otra nos acordamos!

-Tú no estabas en condiciones de acordarte de nada, Bri.-rió John.-Y bueno, ella… tendría cosas más importantes en las que pensar.

-¿Cómo dices?-pregunté lanzándole una mirada interrogante.

-Un rato antes de que nos fuéramos tú y yo también, ella vino a despedirse.-me aclaró.-¿A qué no sabes con quién se fue a casa?

-¿Rich?

-¡Premio a la señorita! Se les veía… contentos.-contestó él esbozando una sonrisa pícara.-Así que supongo que no estaría para pensar en llaves.

-Vaya con estos dos…-dije después de soltar una risita entre dientes.-Pero bueno, eso no tiene por qué significar nada: tú y yo también nos fuimos juntos y…

-Nos fuimos juntos porque a las horas que eran todo el mundo se había largado ya a sus casas a follar y a hacer sus cosas. Sólo quedamos los dos idiotas.

No pude evitar soltar una risa con la ocurrencia de John.

-¡Qué bruto que eres!

-Habló la fina.-sonrió él.-Si te hubieras oído hablar ayer…

-No me lo recuerdes, haz el favor…-mascullé yo.-¡Qué vergüenza!

-¿Vergüenza?-rió John.-¿Y las risas que me pegué yo no cuentan?

-Eso, encima ve restregándome por la cara que te pasaste la noche riéndote de mí.

-Contigo, que no es lo mismo.-me cortó en tono suave, mirándome.

Le devolví la mirada. John sonreía. De repente, sin saber por qué, me sentí intimidada.

-¿No vas a esa exposición a la que tenías que ir?-pregunté de repente para romper el silencio diciendo lo primero que se me pasó por la cabeza. No obstante, aquel pensamiento sobre la exposición de Yoko Ono me resultó de pronto muy incómodo, demasiado.

John amplió un poco más la sonrisa y negó con la cabeza.

-Bastante exposición tenía contigo.-dijo al cabo de unos segundos.- Son más de las dos de la tarde. Ya no voy a ir. Se me ha pasado mucho la hora.

-Vaya… Siento que te la hayas perdido.

Mentira. En realidad no lo sentía para nada, pero era lo que se suponía que debía decir en aquellos momentos.

-Yo no.-me contestó él.-La verdad es que no me arrepiento de haberme quedado durmiendo toda la mañana.

Otro silencio se volvió a hacer entre los dos. Yo estaba incómoda, muchísimo; John no lo parecía, o al menos lo disimulaba muy bien.

-Supongo que esto que llevo puesto es tuyo, ¿no?-mascullé al cabo de unos segundos mostrándole la manga del pijama que llevaba.

-¿El pijama? Sí, claro. Te lo dejé anoche.-contestó.-Para que luego digas que no soy un chico atento…

-Bueno, gracias.-dije.

-De nada.-sonrió John levantándose de repente de la cama.-Ya no te molesto más. Voy a cambiarme. Tienes un baño justo enfrente de la habitación… y… no sé, lo que quieras me lo dices. Te esperaré abajo, ¿vale?

-Vale. No tardaré, lo prometo.-le respondí yo.-Y disculpa las molestias que te estoy causando… Te juro que yo no suelo ser así cuando salgo, jamás había pillado una borrachera tan fuerte.

-De disculpas nada, Bri, yo también lo pasé bien pese a que íbamos muy mal.-dijo él.-Y tranquila, sé que en el fondo eres una chica seria y responsable. Muy en el fondo, pero bueno.

-Qué tonto estás…

-Como tú.-rió John.-Bueno, Bri, nos vemos en un rato.

John salió de la habitación antes de que yo contestara nada. Entonces, lentamente, me levanté y me dirigí hacia la ventana. Me quedé mirando, distraída, como unos pajarillos se posaban en el árbol más cercano a la habitación, con la mente en blanco. Ni siquiera fui consciente hasta un buen rato después que estaba sonriendo como una tonta.

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Jueves, 9 de abril de 1987
Londres

Era paradójico eso de estar preparando una cena especial por tu cumpleaños a sabiendas de que podría ser el último. Paradójico y extraño, además de doloroso. Pero debía hacerlo. Debía hacerlo por los chicos, para aparentar una normalidad que no existía aunque uno de ellos, Alex, ya supiera que las cosas no marchaban bien. Por lo menos, tenía suerte de que el cumpleaños cayera entre semana: con la excusa de que debían madrugar al día siguiente, cenaríamos lo más pronto posible y John y yo nos las apañaríamos para que por lo menos, aunque no se acostasen, nuestros hijos se retiraran a sus habitaciones antes de las diez de la noche, las once en España. Antes de la hora exacta de mi nacimiento y, tal vez, de mi muerte. Y es que una cosa tenía clara: no quería que nadie, aparte de John, estuviera presente en ese momento. No quería hacerles pasar por ese trauma.

-¡Qué bien huele!-exclamó Julie contenta entrando como un torbellino lleno de felicidad en la cocina.-¿Puedo ayudarte?

Le dediqué una sonrisa sincera antes de contestarle. Julie era capaz de contagiar con su alegría a todo el mundo que se pusiera a su alrededor y eso, en aquellos momentos, era lo que más falta me hacía. Su presencia allí me venía que ni pintada.

-Claro que sí, cariño. Remueve lo que hay en el fuego, ¿quieres?

-Creo que deberías preparar un poco más de comida, mamá.-me dijo mientras abría la tapa de la cazuela y removía su interior.

-¿Más?-me extrañé.-Seguro que sobra y todo, ya lo verás.

-Pero es que a lo mejor no somos cinco solamente para la cena.-me replicó ella esbozando una sonrisa.-A lo mejor… Imagina que somos más.

Paré de pelar la patata que estaba pelando en seco y le lancé una mirada penetrante a mi hija.

-Julie, ¿qué has hecho?

-¿Yo? Nada.-contestó ella poniendo cara de niña buena.-Sólo he pensado que te alegrarías de que la tía Anna y el tío Richard vinieran a cenar hoy con nosotros.

-¿Los has invitado a cenar?

-¡Sí! ¿A qué es genial?

Me esforcé por dedicarle la mejor de mis sonrisas a Julie, aunque en realidad la idea de tener invitados un día como aquel, pese a que fueran dos de las personas a las que más quería en el mundo, me horrorizaba.

-Por supuesto que lo es.-mascullé al fin.-Gracias, Julie.

-De nada.

-¿Qué es lo que están haciendo mis dos princesas? ¿Y qué es eso tan genial de lo que hablan?

La voz de John hizo que las dos nos volviéramos en dirección a la puerta. Efectivamente, estaba allí, plantado, mirándonos con una sonrisa.

-Julie ha invitado a Rich y a Anna a cenar.-le aclaré yo esbozando una sonrisa falsa.

John no pudo evitar poner cara de susto cuando escuchó aquello. No obstante, pronto recuperó la compostura y consiguió esbozar una media sonrisa.

-A esta enana no se le pasa ni una, ¿verdad?-dijo al cabo de unos segundos. Pese a que su tono de voz pareció normal, a mí no se me escapó una nota de nerviosismo e incomodidad.-Eres un cielo, Julie.

Justo en ese preciso instante, el timbre de la casa sonó insistente. Julie dejó enseguida lo que estaba haciendo y esbozó una inmensa sonrisa.

-¡Deben de ser ellos!-exclamó empezando a caminar hacia la salida de la cocina.-Iré a abrir.

-¿Y ahora qué hacemos?-preguntó John casi en un susurro cuando Julie salió de allí.

-Ni idea.-contesté yo torciendo el gesto.-Pero no les podemos pedir que se vayan ni tampoco les podemos contar nada… Supongo que tendremos que aguantar y aparentar que todo está genial.

-Joder.-maldijo John por lo bajo antes de soltar un fuerte suspiro.-Pero supongo que tienes razón.

Después de decir aquello, se acercó hacia mí y me abrazó por detrás, suavemente.

-Te quiero mucho.-susurró antes de darme un beso extremadamente largo en la mejilla.

-Y yo a ti, ya lo sabes.-dije pasándole la mano por la cara.

Me giré y le miré a los ojos. Nos mantuvimos así durante unos segundos hasta que un par de voces muy familiares para los dos se escucharon desde el vestíbulo.

-Será mejor que vayamos a recibir a nuestros invitados, Johnny.-le sonreí.

-Sí.-suspiró John volviéndome a pasar la mano por la cara.-Será lo mejor. Vamos.

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-Sólo te daré estas llaves con la condición de que me cuentes la verdad.-dijo blandiendo mis llavero ante mí y esbozando una sonrisilla pícara.

-Dame eso, Anna.-le ordené yo intentando en vano quitarle las llaves de las manos.-Y déjate de cuentos ya.

-Dime… ¿qué tal con John?-rió ella.

-Y dime tú… ¿qué tal con Rich?

Anna cambió repentinamente su expresión cuando le devolví la pregunta.

-John me ha comentado que anoche os fuisteis juntitos a casa…

-Créete las historias de Lennon y verás, Bri.-me interrumpió ella con una seriedad que a mí se me hizo tan cómica en esos momentos que no tuve más remedio que empezar a reír.-Además, por si no te acuerdas, te recuerdo que antes de irnos a casa fuimos a deciros si os veníais también, pero estabais los dos tan pedo que no conseguimos absolutamente nada de vosotros aparte de que empezarais a reíros otra vez como dos bobos. Al final os dejamos por imposibles.

-Haces bien en recordármelo porque no me acuerdo de nada.-le contesté notando como enrojecía levemente.-Yo sólo me acuerdo de lo que pasó hasta las tres y media de la noche. A partir de ahí nada hasta esta mañana.

Ahora la que rió con aquellas declaraciones fue Anna.

-Menuda borracha que estás hecha.-rió la chica.-¿Ni siquiera te acordabas de que te habías ido a dormir a casa de John?

-Si me hubiera acordado no me hubiera quedado al borde del infarto esta mañana cuando me he despertado y he visto que no estaba en mi casa.-mascullé yo de mala gana haciendo que Anna aumentara aún más el volumen de sus carcajadas.

-Pobre Bri… Encima en casa del loco de Lennon.-dijo al fin cuando paró de reír.-No quiero ni pensarlo…

-Mejor que no lo pienses.-sonreí.-Bueno, ¿me vas a dar las llaves o qué?

-Toma, quejica.-dijo Anna mientras me pasaba las llaves.-Pero que conste que lo hago sólo porque tengo lástima de ti. La resaca que has de tener ha de ser buena…

-Buena no, estupenda.-bromeé yo agarrando las llaves y poniéndome en pie.-Me voy a casa. Ya me contarás otro día que no tenga la cabeza a punto de estallar cómo te fue con Rich…

-¡Pero qué asquerosa eres, Briseida!-exclamó ella divertida.-¡La que me tienes que contar qué tal te fue con John eres tú!

-No te me pongas violenta, Anna.-reí yo.-Bueno, roballaves, me voy. Adiós.

-Adiós, esponja humana.


Salí de allí aún con una inmensa sonrisa pintada en la cara. Pese a la resaca, aquel día no había sido malo del todo entre unos y otros. En absoluto.





Hola de nuevo, gente guapa! Pues aquí me paso yo, rapidito porque ya es tarde, para dejaros el capítulo 7. Supongo que hasta principios de la semana que viene no tendré nada más, así que aprovecho para desearos un feliz viernes y un aún más feliz fin de semana, jeje. Por cierto, darle la bienvenida también a Valeria Marlene, que se ha unido a leer esto. Y gracias obviamente a todas por leer y comentar, ya sabéis lo contenta que me pone ver que lo hacéis.
Saludos y pasadlo bien! :D

domingo, 15 de septiembre de 2013

VUELO 937 Capítulo 6

Pese a que al principio me había costado horrores hacerme a la idea de vivir en una época tan distinta a la mía, mentiría si dijera que no pasé uno de los mejores veranos de mi vida aquellos meses del 67. Parecía mentira que en tan poco tiempo me hubiera integrado en ese mundo y que, además, estuviera disfrutando con ello. Tal vez, la principal culpable de eso había sido Anna, quien se había encargado de meterme de lleno en su círculo de amistades con las que, por cierto, había llegado a congeniar bastante bien. Y es que, pese a que en ese grupito de personas estuviesen cuatro de los tipos más famosos del mundo en esos momentos, lo cierto era que me sentía realmente cómoda entre ellos. A fin de cuentas, eran chicos normales, casi todos rondando mi edad, abiertos y con ese sentido del humor norteño con el que me había familiarizado años antes durante mis meses de Erasmus en Liverpool y que tanto me gustaba. Por fin empezaba a conocerlos a todos bastante bien, incluso a Paul, al último al que me habían presentado, y a su novia, Rachel, una chica bastante bonita y buena gente que parecía pegarse a Anna y a mí cada vez que nos juntábamos con los chicos.

No obstante, lo más gracioso de todo era que ahora todo el mundo me llamaba “Bri”. Nadie, ni siquiera Anna, me llamaba ya por mi nombre completo. Al parecer, la insistencia de Lennon por llamarme así se les había contagiado aunque, para qué mentir, aquello no me molestaba en absoluto. Tal vez unos meses antes le hubiera cortado las piernas a quien hubiera osado llamarme Bri, pero, sin saber muy bien por qué, me había acostumbrado a aquello. Tanto me había acostumbrado que incluso había empezado a gustarme aquel diminutivo, más incluso que mi propio nombre, que en esos momentos se me antojaba tremendamente largo y enfarragoso.

Aquel sábado por la mañana de finales de agosto había sido de locos en la tienda. Parecía que todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo en venir a comprar el mismo día y, por eso, Anna y yo no habíamos tenido prácticamente ni un minuto de descanso desde que habíamos abierto. Quizá por eso, cuando el último cliente rezagado se fue de allí, nos apresuramos a recogerlo todo, contentas.

-Menuda mañanita que hemos tenido…-dije mientras revisaba los probadores.-Menos mal que esta tarde libramos.

-No me hables del jaleo que hemos llevado.-me respondió Anna lanzando un resoplido.-Fíjate que llevo queriéndote decir una cosa toda la mañana y aún no he tenido tiempo ni a hacerlo.

-¿Una cosa? ¿A mí?-me extrañé.

-Sí, Bri, a ti.-dijo Anna esbozando una sonrisa.-Son los chicos. Dicen que si nos apetece salir esta noche. Van a no sé qué club de esos a los que van ellos y quieren que nos unamos a la fiesta.

-¿Ellos invitándonos a salir a un club? ¿No tienen miedo de que les espantemos a los ligues?-reí yo haciendo alusión a una de las bromas que frecuentemente nos hacían ellos.

-Esos no ligan ni… Bueno, sí, sí que ligan.-masculló Anna haciendo que yo prorrumpiera en una carcajada.-Pero bueno, la cuestión es que nos invitan por esta noche. ¿Nos apuntamos? Ah, y por si te interesa saberlo John también viene.

Le lancé una mirada asesina a Anna. Desde que habíamos aparecido John y yo en su casa aquella vez que había estado enferma, no había parado de hacerme insinuaciones de aquel tipo.

-¿Y qué pinta John en todo esto?

-No sé, Bri… Yo sólo te he dado un dato.-rió sacándome la lengua.

-Porque te aprecio, porque si no te mandaba a la mierda.-le contesté intentando parecer seria sin éxito, cosa que hizo que Anna aún aumentara más el volumen de sus risas. Ya me había acostumbrado a sus piques y en realidad, no sabía por qué, me hacían gracia. Tal vez porque, aunque aún no quisiera reconocerlo, algo de razón tenía.

-Vale, bien, no me mandes a la mierda… ¿Y qué? ¿Nos apuntamos al plan?

-Qué preguntas haces, Anna…-suspiré a la vez que negaba con la cabeza en un gesto cómico.-¡Pues claro!

-No sé por qué pero sabía que me contestarías esto.-contestó ella divertida.-Bueno, sí, sí lo sé: porque te gusta más la fiesta que a mí.

-No hay que perder oportunidades de pasarlo bien, ¿no?-sonreí.-Venga, vamos, dime cómo quedamos para esta noche.

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Jueves, 9 de abril de 1987
Londres


-¿Pero qué te pasa, mamá?-preguntó por enésima vez Alex con los ojos empapados en lágrimas.-¿Qué es lo que te pasa?

Suspiré y lo abracé aún más fuerte contra mí, como cuando era pequeño y lloraba por cualquier cosa banal.

-Es muy complicado de explicar, hijo.-dije al fin con un hilo de voz.-Pero…

-Pero podrías morirte.

-Deja de decir eso de una maldita vez, Alexander.-intervino de repente John, enfadado.

-El hecho de que no lo digamos no significa que el problema vaya a desaparecer, John.-le reprendí. Pese a que sabía que estaba al borde de un ataque de nervios, no iba a permitirle que le levantara la voz a nuestro hijo. No en un momento como aquel.

-Lo siento.-se apresuró a disculparse.-No quería…

-Tranquilo, no es nada.-le contesté dedicándole una mirada profunda.

Durante unos instantes que se me hicieron eternos sólo se escucharon los sollozos casi silenciosos de Alex. Yo simplemente me dediqué a acariciarle el pelo, cariñosa, intentando tranquilizarle.

-¿Por qué no me queréis decir lo que te pasa?-preguntó el chico de repente levantando la mirada y clavándonos sus ojos llorosos, primero a mí, después a su padre.-Papá, por favor, dímelo tú.

Me quedé mirando a John, asustada. Alex sabía muy bien que a su padre era más fácil sonsacarle las cosas, por eso se lo había pedido a él directamente. No obstante, yo no estaba dispuesta a que John le contara la verdad. Eso era una locura y Alex jamás lo entendería. Era mejor así, que el chico fuera consciente de lo que podía ocurrir, pero sin ahondar en más detalles.

-Alex, escucha…-contestó John al cabo de unos segundos a la vez que me lanzaba una mirada furtiva de reojo.-Creo que… Como ha dicho mamá es muy difícil de explicar, pero… Te agradeceríamos que no les dijeras nada a tus hermanos sobre esto.

Apenas pude contener un suspiro de puro alivio. No obstante, aquel alivio pronto se convirtió en una tristeza aún mayor de la que tenía cuando volví de nuevo la vista hacia nuestro hijo y vi su expresión: ahora, más que triste y desesperado, parecía furioso, dolido.

-¿Tú tampoco me lo vas a decir?-casi gritó poniéndose en pie de un salto.-¡¿Por qué siempre me ocultáis las cosas?! ¡¿Por qué, joder?! ¡¿Acaso no tengo derecho a saber lo que le pasa a mi madre?!

-Alex, hijo, no te pongas…-empecé a decir.

-¡Sí, mamá, sí que me pongo! ¡A la mierda!

Y sin decir nada más, salió del salón furioso dando un fuerte portazo tras de sí.

-No te preocupes, Bri, se le pasará.-dijo John a mi lado a la vez que me abrazaba y me daba un beso en el pelo.-Sólo está triste y enfadado.

-Tiene razón.-suspiré.-De estar en su situación yo también me habría puesto así.

-Te digo que se le pasará.-susurró John.-Ya lo verás.

No contesté, simplemente me limité a apretarme un poco más contra él, sin más. Me tranquilizaba estar así y me ayudaba a evadirme, aunque tan sólo fuera por unos segundos, de la realidad que me rodeaba. Nos mantuvimos de ese modo, en silencio y abrazados el uno contra el otro durante unos instantes que se nos hicieron eternos hasta que, de repente, el odioso ruido del teléfono interrumpió aquel momento.

-Iré a ver quién mierdas es.-masculló John de mala gana a la vez que nos separábamos.

-Tranquilo, Johnny.-le dije en tono suave.-Yo creo que subiré arriba a ver a los chicos.

-Cuidado con Alex. Ya sabes que cuando se enfada dice cosas que…

-Tiene a quién parecerse.-sonreí yo, aunque mi sonrisa fuera amarga.-No pasará nada. Anda, ve a responder o colgarán.

Sin esperar ni siquiera a que él se pusiera al teléfono, me levanté, salí de salón y me dirigí escaleras arriba sin saber muy bien si intentar hablar con Alexander primero o dejarle un poco de tiempo hasta que se enfriaran las cosas. Lástima, pensé esbozando una sonrisa amarga, que tiempo fuera en esos momentos lo que menos tenía.

Mis dudas sobre qué tenía que hacer se disiparon pronto cuando vi la puerta de la habitación de Matt abierta. Silenciosa, sin decir nada e intentando no hacer ningún ruido, me apoyé sobre el marco de la puerta y miré hacia adentro: de espaldas a mí, Matt, frente al escritorio, parecía realmente concentrado mientras tecleaba rápidamente sobre una calculadora y anotaba de manera rápida unas cosas sobre el cuaderno que tenía delante.

-¡Joder, mierda!-exclamó enfadado antes de lanzar el lápiz sobre el papel en un arrebato de rabia.

-Esa boca, Matthew.-le dije intentando esforzarme por no soltar una risita delante de él.

El niño se volvió hacia mí sorprendido y enrojeció levemente al verme.

-No sabía que estabas ahí.-me dijo sin más.

-Eso es evidente.-sonreí acercándome hacia él.-Vamos a ver, ¿qué te pasa?

Matt soltó un bufido antes de contestar nada.

-Estaba haciendo los deberes de matemáticas y… no me sale ningún ejercicio.

-Venga, hombre, seguro que no es para tanto…

-Sí que lo es.-me cortó nervioso.-No me aclaro. A este paso voy a suspender matemáticas. Soy un inútil.

Le dediqué una mirada severa y me puse en cuclillas al lado de su silla, quedando cara a cara con él.

-Matt, no quiero oírte decir eso nunca.-le dije mirándolo a los ojos.-Tú no eres un inútil, ¿me entiendes?

-Es cierto, mamá. Mira a Julie y a Alex… Ellos nunca han tenido problemas en estas cosas. Yo sí. Soy un desastre.

-Cierra el pico, Matthew.-le corté haciendo que él me dedicara una mirada extrañada.-También podríamos decir que tus hermanos son unos inútiles porque no son capaces de dibujar ni la mitad de bien que tú, ¿no? Y eso, obviamente, no es cierto. Cada uno es bueno en unas cosas.

-Pero…

-No hay peros que valgan. Tú vales mucho, que te quede claro.-sonreí pasándole la mano por el pelo.-Y si no, que se lo pregunten a tu madre.

Matt esbozó una sonrisa divertido y negó con la cabeza.

-Eres una boba, mamá.

-Entonces tú te pareces a mí, bobalicón.-bromeé haciendo que él soltara una risita.-Y ahora, ¿me dejas ver eso qué estás haciendo? Tal vez la boba de tu madre te pueda echar una mano.

-Son ecuaciones de primer grado.-me aclaró Matt mostrándome el cuaderno.

-¡Ah! Eso está fácil.

-Pues será muy fácil, pero yo no lo entiendo. Ya te he dicho que soy un tronco.

-Un tronco es lo que te voy a partir yo por la cabeza como sigas diciendo sandeces.-le contesté divertida.-No lo entiendes porque no lo has intentado. Seguro que después de que te lo explique ya lo entiendes y lo sabes hacer bien.

-Seguro que no.

-¿Qué te apuestas?-pregunté.

-Veinte libras.-contestó Matt decidido.

-Vaya, apuestas con dinero y todo…-sonreí.-Vale, trato hecho. Y ahora, Matt, presta atención. Ya verás cómo es más fácil de lo que parece.

Me senté a su lado y empecé a explicarle aquello tal y como me lo habían explicado a mí, muchísimos años antes. Matt escuchaba, atento, y de cuando en cuando hacía alguna pregunta que yo me apresuraba a contestarle de la manera más sencilla posible. Después, cuando pareció haberlo entendido, le dejé hacer solo, sin decirle una palabra mientras lo observaba, la primera de las ecuaciones que tenía en los deberes. Para su sorpresa, esta vez sí que le salió pero él, desconfiando aún de sí mismo, insistió en probar con la siguiente. Otra vez, el resultado fue el correcto.

-¡Me salen!-casi exclamó feliz cuando terminó la segunda ecuación.

-¿Ves como no eres ningún tronco? Un bobo sí, pero no un tronco.-bromeé.

-Te debo veinte libras.-dijo Matt mirándome a la vez que esbozaba una sonrisilla.

-Veinte libras que antes te hemos dado papá y yo, por cierto.-contesté.-No es un negocio muy bueno. Casi mejor que prefiero cobrarme de otra manera.

-¿De qué manera?


-De ésta.-dije yo sonriendo a la vez que le daba un abrazo y empezaba a cubrirle la cara de besos como si fuera un niño pequeño.

-Quita, mamá.-decía Matt entre risas a la vez que intentaba zafarse de mí.-¡Que ya no tengo cinco años!

Hice caso omiso a sus quejas y seguí hasta que me cansé.

-No te quejes, Matthew.-sonreí cuando paré.-Te has ahorrado veinte libras.

-Eres una besucona.-rió él antes de que yo le estampara otro sonoro beso en la mejilla.-¡Pesada!

-Yo no tengo la culpa de que me salieras tan adorable.-bromeé a la vez que le revolvía el pelo.-Venga, vamos, dale tú un besazo a tu madre.

-Mamá…

-¿Que no ves que tengo ganas?-pregunté ofreciéndole mi mejilla.-Vamos, un beso o no te perdono las veinte libras, listillo.

-Ay…-suspiro Matt antes de acercarse de nuevo hacia mí y darme un beso.-¿Contenta?

-Ahora sí.-le contesté esbozando una tierna sonrisa antes de abrazarlo de nuevo.-Te quiero mucho, Matt. No lo olvides nunca.

Matt me dedicó una mirada un tanto confusa, sin saber muy bien a qué venía aquel cambio repentino de la broma a la ternura. No obstante, no dijo nada al respecto y simplemente se limitó a devolverme la sonrisa.

-Y yo también te quiero, mamá.

Me separé de él y le dediqué otra sonrisa, esta vez, sintiendo dentro de mí una extraña mezcla de alegría y tristeza.

-Cuando acabes de hacer eso, baja, cariño.-le dije antes de levantarme de la silla.-Seguramente ya tendré la cena a punto.

-Y hoy será una cena especial, ¿eh, cumpleañera?-me respondió Matt.

-Lo será.-susurré sintiendo como se me hacía de nuevo aquel nudo en la garganta que había tenido durante todo el día.-Lo  será, cariño, lo será.

Y sin decir nada más, salí de la habitación y cerré la puerta tras de mí. Después, sin saber muy bien por qué, apoyé mi espalda sobre la pared del pasillo y empecé a llorar, silenciosa y amargamente. Las siguientes horas iban a ser duras, muy, muy duras.

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Eran ya casi las tres de la madrugada y a aquellas horas de la noche ya lo veía todo un poco… diferente. Normal si tenía en cuenta que desde que habíamos llegado al Bag O’Nails poco después de la hora de la cena, no había hecho más que limitarme a beber y a pasármelo lo mejor posible con la compañía que llevábamos. Éramos un grupo bastante nutrido de gente, pero a aquellas horas, allí sentados sólo quedábamos Paul, Rachel, John, Neil y yo. George, Ringo y Anna estaban pululando por el local, el primero sumido en una “interesante” conversación con una rubia de lo más despampanante y los otros dos en la barra contándose no sé qué cosa que les hacía de cuando en cuando soltar una sonora carcajada que llegaba hasta a nosotros.

-¿Y no me podéis contar nada de la película?-le pregunté a Paul por enésima vez desde que habíamos llegado.

-¡Si ya sabes casi que más que nosotros!-rió Paul.-Ya sabes todo lo que va a pasar.

-Pues yo no acabo de ver eso de que no tengáis ni un mísero guión…-mascullé dándole otro trago a mi ron.

-Bri cree lo mismo que yo.-dijo Rachel mirando a su novio.

-Y que todos, nena.-rió John.-Pero habrá que intentarlo a ver qué sale.

-Nada bueno, seguro.-le chinché yo.

-No te invitaré a ver la peli cuando se estrene, Bri.-bromeó él.

-¿Por qué presupones que quiero ver eso, Lennon?

Rachel y Neil soltaron una sonora risotada, a la vez que Paul y John esbozaron una sonrisilla, el primero divertido; el otro, más bien burlón.

-Eres una víbora, Bri, pero en el fondo te he pillado cariño.-rió John al fin agarrando mi vaso de encima de la mesa y tendiéndomelo.-De todos modos, bebe y calla.

Agarré mi vaso con una risita entre dientes y lo volví a dejar sobre la mesa.

-Que te crees tú eso de que calle…-bromeé.

-Pues vosotras diréis lo que querréis, pero ya veréis como la peli marca un antes y un después en todo.-dijo Paul mirándonos a Rachel y a mí.-Seguro que es todo un éxito, os apuesto lo que queráis.

Tanto su novia como yo nos limitamos a lanzarle una mirada escépticas, pero nos abstuvimos a comentar nada más al respecto. Él sobre todo parecía muy convencido con la idea, así que tampoco era plan de chafarle las ilusiones. Aunque ya estaba considerablemente borracha, sabía muy bien cuando era conveniente callar, más ante una persona con la que no tenía tantísima confianza todavía como Paul.

-A juzgar por sus caritas diría que no confían mucho en tu palabra, Macca.-rió John antes de darle un trago a su whisky con cola a medio terminar.-Por cierto, ¿alguien tiene hora?

-Creo que son las tres menos diez minutos.-contestó Neil a su lado.

-¿Qué te pasa, John?-le chinchó Paul.-¿Es que ahora te has vuelto un chico formal y quieres volver a casa pronto?

-Vete a la mierda, McCartney.-le espetó él entre divertido y airado.-Mañana por la mañana tengo un compromiso y sólo quería ver si me convenía irme a dormir o directamente no acostarme en toda la noche. Supongo que me quedo con la segunda opción.

-¿Compromiso? ¿Adónde coño vas?

-Inauguran una exposición.-contestó John.-La Yoko Ono ésa que conocí el año pasado… Me ha invitado. Dicen que es… interesante.

-¿Interesante eso? Sí, claro… Y una mierda.

Sólo cuando todos los que estaban en la mesa se me quedaron mirando entre extrañados y divertidos me di cuenta de que había dicho aquello en voz alta. Y es que, nada más oír el nombre de Yoko Ono había perdido el control de mí misma. Todo el mundo sabía, al menos en mi época, cómo acabarían John y Yoko y la verdad era que, no sabía (o no quería saber) por qué, no me hacía demasiada gracia todo aquel asunto. Eso, unido al alcohol, había hecho que mi lengua se soltara más incluso de lo que yo hubiera deseado.

-¿Conoces a Yoko?-preguntó John curioso.

-No tengo el placer.-dije remarcando de manera involuntaria la última palabra.-Pero sí que sé lo que hace.

-Vaya… Nuestra Bri sabe de arte.-bromeó John.

-Ah, ¿qué ahora lo llaman arte?-dije en tono despectivo. Sabía que me estaba acelerando más de la cuenta y que aquello quizá podría no acabar bien, pero la verdad era que en aquellos momentos no podía parar.-Entonces yo también soy una artista.

Todos los que estaban allí soltaron una sonora carcajada con mis palabras. Todos menos John, que se quedó mirándome con una sonrisilla indescriptible.

-No lo entiendes, Bri.-me dijo con serenidad.-Ya no es el objeto en sí, sino lo que simboliza. Ahí está el asunto de las vanguardias.

No me gustó la manera en la que me dijo aquello, no me gustó ese tonillo protector que usó para referirse a la obra de Yoko, ni tampoco el tonillo que usó conmigo, como si fuera una niña tonta que no fuera capaz de comprender por qué dos y dos sumaban cuatro. Me quedé mirándolo, al principio con seriedad aunque, a los pocos segundos, esbocé una sonrisilla sarcástica. A aquellas alturas ya sabía que la única manera de llevarse a Lennon a tu terreno era aquella.

-Por supuesto que lo entiendo.-dije al cabo de unos segundos.-Mira y juzga tú mismo.

Sin esperarme ni siquiera a que nadie me dijera nada más, agarré mi vaso a medio lleno aún, me lo acerqué a los labios y lo vacié de un solo trago ante la mirada atónita de todos. Lo dejé de nuevo con un golpe seco sobre la mesa, haciendo un verdadero esfuerzo para controlar el repentino mareo que me había agarrado y no vomitarlo todo allí mismo.

-¡Bri!-exclamó Rachel escandalizada.

-Un segundo, Rachel.-logré decir después de tragar saliva e inspirar profundamente. Después, volviéndome hacia John, añadí señalando a mi vaso, ahora vacío:-He aquí una representación del vacío existencial de la humanidad en nuestros días a través de un vaso de alcohol vacío, que se ve abocada a mitigar sus penas en sustancias que edulcoran la realidad. Simboliza la debilidad del ser humano, que no es capaz de soportar ver el mundo que le rodea tal y como es y necesita modificarlo mediante drogas y alcohol.

Durante unos segundos, todos se quedaron mirándome como si me hubiera vuelto completamente loca, y con toda la razón del mundo. No obstante, de repente, todos, John el primero, prorrumpieron en una sonora carcajada que hizo que hasta George dejara de flirtear con la rubia y se quedara mirándonos.

-¡Joder con Bri!-exclamó John aún entre risas.

-Le acaba de destrozar el repertorio artístico a Yoko Ono en cuestión de segundos.-dijo Paul divertido.

-¿Verdad que yo también soy una artista, Lennon?-le pregunté esbozando la misma sonrisilla burlona de antes.

-No lo dudo, nena.-rió John.-Una artista en toda regla. Permíteme, promesa de la vanguardia, que te pida otro ron con cola. Sería una lástima que una artista como tú se quedara sin materiales con los que poder trabajar.

-¿Ves? Ahora nos vamos entendiendo tú y yo…-le seguí el juego antes de que él se levantara para pedir más bebidas para todos los que estábamos en la mesa.


Me repantigué aún más en el sillón en el que estábamos sentados y cerré los ojos con una sonrisa. En aquellos momentos, pese a la borrachera que llevaba encima, tenía la sensación de que acababa de hacer algo bastante gordo aunque nadie fuera consciente de ello. Y yo me sentía bien, tremendamente bien.



Hola de nuevo!!! Qué tal? Hasta aquí el capi 6! No os quejaréis, que por ahora estoy subiendo capis relativamente pronto, eh? jajaja. Por cierto, que quiero darles la bienvenida a un par de nuevas lectoras que andan por aquí, un anónimo de mi corazón y Lady Mary, que llegó aquí gracias al fic de mi queridísima María (si hay alguien que no lee sus joyas, por favor, subid un poco hacia arriba y en la barra lateral derecha, en el apartado de "Qué leo", veréis los enlaces a sus tres fics. Os juro que no os vais a arrepentir, jejeje). Y bueno, que bienvenidas, chicas, que me alegro de que os guste esto que ha salido de mi mente! :D Por cierto, Lady Mary, coincido plenamente con tus gustos y gracias por dedicarme el segundo comentario más largo que has hecho.
Y bien, nenas, yo espero no tardar mucho a hacer el 7, así que pronto nos veremos por aquí! 
Saludos!!!!!

martes, 10 de septiembre de 2013

VUELO 937 Capítulo 5

Tuve a Lennon saqueando la tienda durante cerca de dos horas. Sí, he dicho bien: saqueando. Lo cierto era que jamás había visto a nadie comprar de aquella manera tan… loca. Simplemente se limitaba a apartar todo lo que mínimamente le gustaba con un anodino “me lo quedo” como si tal cosa, sin importarle ni precios ni nada.

-Creo que ya te he vaciado esto lo suficiente.-dijo John poniendo el último de los pantalones que había decidido quedarse justo encima del montón de ropa que se apilaba ya sobre el mostrador.-Creo que vas a necesitar una buena calculadora para sacarme la cuenta, Bri.

-Ya lo creo… Creo que ésta va a ser la suma más larga que habré hecho en mi vida.-le seguí la broma yo.

John simplemente se dedicó a lanzar una risita entre dientes antes de inclinarse sobre el mostrador y esperar pacientemente a que le contara todo. Me quedé alucinada por la cifra total y hasta casi me dio reparo decirle lo que me debía, pero John no pareció ni inmutarse siquiera. Tal vez para él esas cifras fueran hasta normales; para mí, incluso proviniendo de una época en la que los precios eran mucho más elevados, aquello era una locura.

-Nunca llevo dinero en efectivo.-dijo.-Extenderé un cheque como hago siempre, ¿te parece?

-Como quieras.-le contesté. No sabía demasiado bien si aceptábamos cheques o no, pero viniendo de quien venía, estaba segura de que mi jefe no me pondría ningún problema.

John extendió un cheque de manera rápida y me lo tendió mientras yo doblaba toda la ropa y la metía en un montón de bolsas.

-Disculpa, Bri.-dijo de repente cuando acabé con mi tarea.-Te he hecho quedar más de media hora aquí después de la hora del cierre.

Yo me quedé pasmada. Lo cierto era que ni siquiera me había dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo, pero Lennon tenía razón. Hacía casi cuarenta minutos que debería de haber cerrado la tienda e irme a casa.

-Tranquilo, no pasa nada. Tampoco es tan tarde.-contesté esbozando una sonrisa para quitarle importancia.

-Le diré al capullo de tu jefe que te pague las horas extra.

-No estaría mal.-bromeé.-Después de todo lo que le has dado a ganar, ya te puede hacer caso.

-Pues lo haré.-dijo él con una sonrisilla burlona.-Oye, por cierto, estaba pensando que a lo mejor me paso a ver a Anna.

-Pues le darás una alegría.

-Si tú lo dices…-sonrió.-¿Te apetece venirte o tienes algo qué hacer?

Me quedé mirándolo durante uno segundos, estupefacta. La verdad era que no me esperaba para nada aquella pregunta tan así a bocajarro. Después, reflexioné… La idea no estaba mal: él iba  a ver a Anna y a mí también me apetecía hacerle una visita y ver cómo estaba. Lo único que me echaba para atrás era que la pregunta me la hubiera hecho quien me la había hecho. No obstante… ¿Qué problema había? Estaba completamente segura que si esa misma invitación me la hubiera hecho cualquier persona que no hubiera sido tan famosa la habría aceptado con los ojos cerrados.

-De acuerdo.-dije al fin.-A mí también me apetece visitar a Anna y ver qué tal está.

-Perfecto.-sonrió él.-Y… ¿podría pedirte otro favor?

-Tú dirás.-dije entre intrigada y mosqueada ante aquella pregunta.

-Tranquila, no es nada raro.-rió él al ver mi expresión.-Es sólo si puedes salir un segundo a la calle y decirle a mi chófer que ya he acabado, que acerque el coche a la puerta.

-¿Y cómo voy a saber quién es tu chófer?

-Pues… Va vestido de chófer.-dijo John soltando una pequeña carcajada y haciendo que yo también soltara una al ver la obviedad de la respuesta.-Además, estará ahí mismo, al lado de la tienda. Es un hombre un poco regordete con cara de buena gente.

-Gran descripción.-bromeé.-Pero creo que me las apañaré para encontrarlo.

-Se llama Les.-me aclaró.-Por cierto, gracias, Bri.

Salí de allí lanzando una risita por lo bajo al escuchar por enésima vez la palabra Bri, pero a decir verdad, hacía ya un buen rato que había dejado de tomárselo en cuenta.

Nada más puse un pie en la calle vi a un hombre que encajaba perfectamente con la descripción que me había dado John apoyado sobre una de las farolas más cercanas a la tienda mientras fumaba.

-Disculpe, ¿es usted Les?-pregunté acercándome a él.-Trabajo en la tienda.

El hombre se volvió hacia mí y asintió.

-Así es.

-John ha acabado ya.-dije omitiendo adrede el apellido. No me apetecía que nadie me escuchara y supiera que el famoso John Lennon estaba allí. Lo que menos me apetecía en aquellos momentos era un espectáculo con fans histéricas incluidas.-Dice que cuando pueda acerque el coche.

-Por supuesto, señorita.-dijo el hombre ajustándose bien la chaqueta.-Dígale que en nada estoy ahí.

-Gracias.

Les empezó a caminar apresurado hacia el final de la calle y yo volví a entrar en la tienda.

-En nada tienes el coche en la puerta.-le dije a John nada más cerré de nuevo la puerta tras de mí.

John asintió con la cabeza antes de sacarse una cajetilla de cigarrillos de uno de sus bolsillos.

-¿Quieres?-me ofreció.

-Gracias.-dije agarrándole un cigarrillo. Lo cierto era que no debía fumar mientras estaba en la tienda, pero, técnicamente mi horario de trabajo había acabado y me apetecía fumar desesperadamente.

John se puso también un cigarrillo en la boca y me dio fuego antes de encenderse también el suyo.

-No he querido que Les dejara el coche en la puerta cuando he venido.-dijo después de darle una profunda calada a su cigarrillo.-Desde que lo pinté, todo el mundo lo reconoce y paso de jaleos.

Iba a preguntarle de qué color había pintado el coche para que todos lo reconocieran cuando, de repente, vimos a través del cristal de la puerta como un inmenso Rolls Royce de color amarillo y con toda suerte de motivos psicodélicos paraba delante de la tienda. No os miento si os digo que me quedé, literalmente, con la boca abierta.

-Veo que te gusta el coche, ¿eh?-rió John cuando me vio.

-¿Eso es tuyo?-pregunté con un hilillo de voz.

-Oye, chica de nombre raro, no llames “eso” a mi coche.-bromeó él empezando agarrar las bolsas con las cosas que había comprado.-¿Vamos antes de que lo reconozca todo el mundo o qué?

**********************************************

Jueves, 9 de abril de 1987
Londres

Alex, John y yo entramos en el salón y cerramos la puerta tras nosotros.

-Será mejor que te sientes, Al.-dijo John.

-¿Y por qué iba a hacerlo? Estoy bien de pie.

John soltó un bufido exasperado y se dejó caer él en uno de los sofás. Yo lo imité y me senté a su lado.

-Vamos, Alexander, siéntate.-le ordenó de nuevo.

Alex agarró una silla a regañadientes y la acercó hasta situarla frente a nosotros. Después, se dejó caer sobre ella y nos clavó una mirada perspicaz.

-Bien, ya estoy sentado.-dijo.-¿Y ahora me vais a decir ya de una vez qué es lo que pasa?

Agarré aire antes de hablar. Quería decírselo yo aunque no tuviera ni idea de por dónde empezar. No sabía por qué, pero creía que aquello era más responsabilidad mía que de su padre.

-Alex, hijo…-empecé a decir al cabo de unos instantes.-Yo… No estoy pasando por buenos momentos.

Hice una pausa y un silencio incómodo se hizo entre los tres. No sabía cómo decirle a nuestro hijo que me quedaba muy poco tiempo de vida sin ser demasiado dura.

-¿Qué quieres decir con eso?-preguntó Alex al cabo de unos instantes.-¿No estás pasando por buenos momentos, cómo?¿Una mala racha? ¿Depresión?

-No, no estoy hablando de eso.

-¿Entonces?

Volví a callar. Era exasperante no encontrar ninguna palabra que se ajustara a lo que yo quería expresar.

-¿Qué pasa, mamá?

-Alex, mira, no estoy bien…-susurré.-Y puede que sea grave. Tal vez…

-¿Qué?-casi gritó Alex.-¿Cómo que no estás bien y que es grave? ¿Tal vez qué?

Noté como se me hacía un nudo en la garganta que me impedía contestarle nada. John tampoco contestó. Era evidente que tanto a uno como al otro se nos hacía muy difícil contestarle a aquello.

-¿Qué te ocurre, mamá?-preguntó con la respiración agitada, nervioso.-¿Estás enferma? ¿Te vas a… morir?

El nudo en la garganta se me intensificó cuando le escuché decir aquella última frase a la vez que John desviaba la mirada y apretaba fuertemente la mandíbula, como intentando contenerse. Lo único que pude hacer fue clavarle una mirada sincera a Alex, sin más. Y entonces, arrancó a llorar como un niño desesperado.

***************************************************

El trayecto hasta casa de Anna fue de lo más entretenido. Bueno, en realidad fue más entretenido para mí que para Lennon, pues yo me entretuve un buen rato fisgoneando todo lo que tenía por dentro aquel cochazo de colores raros mientras él se reía descaradamente de mí y de mi curiosidad. De todos modos, el trayecto fue de lo más agradable y no se produjo aquello que yo tanto temía cuando acababa de conocer a alguien: el silencio y el no saber de qué hablar. Por suerte, nos pasamos el trayecto charlando de esto y de lo otro de manera casual, sumidos en una serie de conversaciones que me dejaron entrever que detrás de aquella súper estrella de la música se escondía un tipo sumamente inteligente.

Llegamos ante el edificio de Anna más de media hora después de haber salido, tras aguantar estoicamente dentro del Rolls el tráfico de Londres en hora punta, y llamamos al timbre. Afortunadamente, la calle estaba lo suficientemente libre de gente como para que pudieran reconocer a Lennon.

-¿Quién es?-preguntó de repente la voz congestionada de Anna por el intercomunicador de la puerta.

-El amor de tu vida y tu compañera de trabajo, chica barriobajera del Dingle.-contestó John haciéndonos reír tanto a Anna como a mí.

-Subid. Y a ti, imbécil, cuando subas…-Anna se vio interrumpida por un repentino ataque de tos que le impidió acabar la frase.-Ahora os abro.

-Fíjate, ni amenazarme en condiciones puede…-bromeó John antes de que los dos entráramos en el edificio.

Cuando subimos al tercero y nos plantamos ante la puerta del piso de Anna, nos la encontramos allí, apoyada en el marco de la puerta abierta con el pijama aún puesto, con una chaqueta encima que le quedaba grande y con cara de estar pasando la gripe del siglo.
-Hola, chicos.-nos saludó.

-Hola Anna, ¿cómo estás?

-Griposa y con ganas de morirme aquí mismo…-suspiró ella.

-Tonterías, tienes mejor aspecto que nunca.-bromeó John.-Por lo menos, mejor aspecto que hace tres sábados al final de la noche…

Ella, pese a que tenía aspecto de no estar pasándolo demasiado bien, aún tuvo fuerzas para soltar una risita.

-Ojalá te pegue la gripe, John Lennon.-le espetó ella haciendo que John soltara una carcajada.-Pasad.

Entramos en el apartamento y Anna cerró la puerta tras de sí.

-¿Y a qué debo el honor de esta visita conjunta?-preguntó obviamente extrañada porque John y yo hubiéramos aparecido en su casa juntos.

-He ido a la tienda.-contestó John antes de que a mí me diera tiempo de abrir la boca.-Bri me ha dicho que estabas enferma y cuando he acabado hemos venido a visitarte.

-¿Bri?-se extrañó Anna mirándome a mí directamente.

-Eso pregúntaselo a él…-contesté yo divertida.-Me ha rebautizado.

-Naaaa, no te quejes, Bri, en el fondo te gusta.-dijo Lennon entrando en el salón de casa de Anna como si estuviera en la suya propia.-¡Oye! ¿Pero tú que…?

Nada más entré detrás de Anna  en el salón supe por qué John había dado aquel grito. Y es que allí, ni más ni menos, estaba Ringo sentado en uno de los sillones partiéndose de risa ante la reacción de Lennon.

-Rich ha venido a verme.-aclaró Anna sin ser capaz de pronunciar bien la m a causa de la congestión.

-Necesitaba un enfermero.-añadió Ringo.-Ey, por cierto, hola Briseida.

-Hola.-contesté.

-Oye, déjame un sitio para sentarme, enfermero…-masculló John esbozando una sonrisilla pícara a la vez que se dejaba caer al lado de su amigo.-Anna, si te apetece puedes sentarte también. No te cortes, tú compórtate como si estuvieras en tu propia casa.

-Que alguno de los aquí presentes me diga una sola razón por la que no deba estornudarle en la cara a esta… cosa.-suspiró Anna divertida.-Pobre Briseida, lástima te tengo de haber tenido que soportar a éste en la tienda… En fin, sentémonos.

-¿Ha ido John a la tienda?-me preguntó Ringo.

-Sí.-le confirmé.-Por poco se lleva hasta el mostrador.

-¿Y has tenido la paciencia de estar con él y seguirle la corriente? Por favor, que alguien condecore a esta chica por el aguante que ha tenido.-bromeó Ringo.

-Te daría un beso si no fueras tan feo, cabronazo.-dijo John a su lado cuando lo escuchó.-Yo también te quiero, ¿sabes, enano?

Ni Anna ni yo pudimos evitar soltar una risa con aquello, antes de que los dos se sumieran en una “discusión” acerca de cuál de los dos era más feo en una escena de lo más surrealista. Miré a mi amiga de reojo. Pobre: parecía encontrarse bastante mal como para tener a aquellos dos escandalosos de jaleo en su casa, pero aún así parecía divertida y alegre de tener visita. Al menos, se lo tomaba con filosofía.

********************************************

-Creo que deberíamos irnos ya, ¿no crees, Bri?

La pregunta de John me pilló bastante por sorpresa aunque, a decir verdad, yo ya hacía un buen rato que estaba pensando lo mismo. Anna parecía encontrarse peor y se le notaba a la legua que quería descansar un rato y estar tranquila, así que me volví hacia Lennon y asentí con la cabeza.

-Sí, claro.-dije y, después, volviéndome hacia Anna, añadí:-¿Quieres que te prepare algo antes de irnos?

-No, tranquila, está todo bien.-masculló ella.-Iros tranquilos, ya me las apañaré.

-Además, yo me quedaré un rato más aquí con ella.-dijo Ringo, solícito.

-Perfecto.-sonreí.-Cuídate, ¿vale?

-Por supuesto. En nada ya me tienes dando guerra por la tienda.-contestó Anna.-Y muchas gracias por la visita, a los dos.

-De nada, boba.-sonrió John.-Ya sabes que me gusta venir aquí a molestar y por lo visto, a Bri también.

Solté una risita entre dientes ante la ocurrencia de John a la vez que Anna también lo hacía, aunque sin demasiadas ganas.

-Adiós, imbécil.-sonrió Anna dirigiéndose a Lennon.-Y adiós, Briseida.

Nos despedimos de Anna y de Ringo y bajamos a la calle de nuevo. Afortunadamente, de nuevo nadie parecía estar lo suficientemente cerca del portal de Anna para que pudieran reconocer a John, así que salimos caminando tranquilamente por la acera.

-¿Sabes dónde hay una estación de metro cerca?-le pregunté a John mientras caminábamos.

Él se quedó mirándome extrañado.

-¿No estarás pensando en volver en metro a casa?

-Más o menos, sí.-contesté.

-Vamos, no seas ridícula…-rió él.-Yo te acerco, no pasa nada.

Me quedé mirándolo durante unos segundos, dudosa. No sabía si era un ofrecimiento sincero o meramente por quedar bien, pero la verdad era que ya me parecía un poco abusar de su aún muy escasa confianza.

-No quiero molestarte, vivo bastante lejos y no te quedará de paso, así que…

-No me molesta.-me cortó él.-No te lo ofrecería si me molestara.

-Pero…

-Pero nada.-me volvió a interrumpir.-Además, el Rolls te ha gustado. Y creo que hay alguna palanquita por ahí dentro que aún no has tocado…

-Tonto…-me sorprendí diciendo mientras reía.-Vale, está bien. Iré. Pero no te quejes de lo lejos que vivo, ¿vale?

-Entendido, sin quejas.-sonrió él antes de que los dos siguiéramos caminando en dirección a donde Les había dejado el coche.-Por cierto, siento haberte dicho que nos fuéramos de casa de Anna tan así de repente…

-Ah, tranquilo, no pasa nada. Yo ya hacía un buen rato que lo estaba pensando. La pobre parecía encontrarse bastante mal y tampoco era plan de molestar.

-Sí, es cierto.-contestó John.-Pero aparte, bueno… Creo que…  Tú no has notado nada,  ¿verdad?

Me quedé mirándole extrañada y negué con la cabeza, instándole a que me aclarara las cosas. John agarró aire, suspiró y esbozó una sonrisa.

-Tal vez a Anna y a Ringo les apeteciera estar un rato solos.

-¿Cómo?-pregunté sorprendida.-¿Me estás diciendo que ellos dos están…?

-No, no… ¡Qué más quisiéramos todos!-rió John.-Todo el mundo que los trata un poco a los dos nota que se gustan, aunque ellos lo nieguen, claro.

-Vaya… No tenía ni idea de eso. Pensé que sólo eran simples amigos.-dije aún asimilando la información antes de plantarnos delante del Rolls.

-Y lo son. Todavía.-contestó John.-Bueno, Bri, ¿vamos a casa o no?

Por toda respuesta, le dediqué una sonrisa antes de subirme al coche justo delante de él. Aquel chico estaba empezando a caerme bien, demasiado bien, y en aquellos momentos sólo podía pensar en eso. Aún no me había parado a pensar lo que podría suceder. Aún no había tomado consciencia de nada, de absolutamente nada.






Hola a todas! Qué tal estáis? Pues ya veis, ya vine yo de nuevo a fastidiar con este capi. Espero que os haya gustado y todas esas cosas y si no, pues tenéis vía libre para tirarme todos los tomatazos que queráis, jajajaja.

Como siempre, gracias por leer y gracias por comentar. Aprecio mucho la molestia que os tomáis en hacerlo, la verdad. Por cierto, Karen, tranquila, porque la historia de Briseida en 1987 se irá aclarando a lo largo de los capis. El asunto está en que el 9 de abril del 87 es el día en el que Briseida va a nacer y como dijo un vigilante en el capi 2, es imposible que 2 Briseidas (la que ha viajado en el tiempo, está casada con un tal John y tiene tres hijos y la que va a nacer) convivan en el mismo espacio de tiempo. Así que el tema está en si Briseida muere o no en el momento justo en el que nazca. Vale, sí, sé que me tomé algo muy raro para que mi mente ideara esto, pero espero que te haya quedado más o menos claro, jajajaja. Si no, pues pregunta que para eso estoy! :)

Besotes reinas! Muaaaaaaaaa!